Primero tenemos que definir lo que inspira a una persona a consumir cualquier tipo de droga, qué produce y qué es lo que los engancha. Sabemos que una droga es una sustancia que al ingerirse de cualquier forma produce un cambio químico, un cambio en el estado de la noción de la realidad, sea sentimental, mental, energética o de los sentidos. El fin de cada tipo de droga puede ser completamente distinto dependiendo de cuál estemos hablando. Unas pueden ser recreativas, creando un estado de alivio y/o satisfacción por un período corto de tiempo. Por ejemplo, la cocaína produce una cantidad exagerada de dopamina en el cuerpo.

La dopamina químicamente hablando es el neurotransmisor de la felicidad. Cuando no se produce suficiente dopamina por experiencias que verdaderamente te realicen o te hagan feliz, como hacer lo que te gusta, expresar tus sentimientos, etc, pues tiende a ser cada vez más fuerte la dependencia hacia esta droga. Otras, como la Ayahuasca ha sido usada para observar el inconsciente desde un estado de vibración paralelo, es decir, es una experiencia en donde las emociones, pensamientos y memorias del pasado se observan como una realidad de tercera dimensión.

Las drogas crean un falso atajo hacia el tener experiencias de expansión o alteración de los sentidos, con la condición de que para lograr esas experiencias tienes que consumir esa droga; esa condición es esclavizante.

Ahora, veamos cómo es que espiritualmente conectamos con las drogas y por qué. La naturaleza del Ser que habita en el cuerpo humano es libre. Cuando el Ser decide ser parte de este mundo donde se experimenta la dualidad y los limites, se crea la primera resistencia/anhelo, el cual invita constantemente desde lo más profundo de nuestro consciente o insconciente a traer ese nivel de libertad hacia la tercera dimensión. Esto se traduce en un sinfín de experiencias que reflejan de una manera individual lo hermoso de la evolución y de su infinito de posibilidades. Aclaremos un poco con un ejemplo:

Hay una línea que está yendo en dirección norte, su naturaleza es ésa, ir hacia el norte (o la libertad). Se consigue en su paso con una barrera (resistencia), ¿Qué hace la línea? ¿Cuál será su comportamiento?. ¿Se frena?, ¿Pasa por encima?, ¿Se desvía hacia un lado buscando el final de esa barrera?, ¿Busca traspasar la barrera?. La respuesta es todas al mismo tiempo. La línea va a buscar mantener su camino, descubriendo todas las posibilidades hasta llegar a su meta. De esta misma manera nuestro ser buscará todas las formas posibles hasta lograr expresar su libertad lo cual es aquello que verdaderamente anhela. No importa que tan discordante sea la experiencia ni que tan beneficiosa sea, todas llevan al mismo norte.

Las drogas crean un falso atajo hacia el tener experiencias de expansión o alteración de los sentidos, con la condición de que para lograr esas experiencias tienes que consumir esa droga; esa condición es esclavizante. La persona al condicionar tener experiencias de: alteración de la consciencia, mundos paralelos o de estados de vibración diferentes con el consumo de esas drogas se está alejando a tenerlas libremente sin intermediarios.

Los intermediarios son las trampas que nosotros mismos creamos cuando tenemos la creencia de no ser suficientemente poderosos y nos alejan de nuestra independencia y libertad. Todos los seres tienen el derecho y el poder de ser libres sin intermediarios.

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